Habla la historia de un hombre que daba una palmada cada diez segundos. Uno le pregunta por el motivo de tan extraño proceder. El hombre responde:
"Para espantar los elefantes".
"¿Elefantes? Pero si aquí no hay ninguno".
Replica: "Y pues, ¿ve usted?".
La moraleja de la historia es que rechazar o eludir una situación peligrosa de buenas a primeras parece ser la solución más razonable, pero, por otra parte, también garantiza la permanencia del problema.
Fotografía: R.S.L. realizada en su viaje a Laos.
uyyyyyy què problema!!!
ResponderEliminarMuy cierto, Ana.
ResponderEliminarUn beso, que tengas muy buen finde! :)
Hay que tener dos cojones para escribir eso.
ResponderEliminarO estar bien jodido.
Un saludo desde aqui y ole tus guevos, men.
(perdon por el vocabulario)